

Poco tiempo después, el terremoto que anticipaba aquella gloria del deporte dominicano ha devastado a Puerto Príncipe.
Llegan a mi memoria los simulacros de Faisal a propósito de la juramentación recientemente del Comité de Mitigaciòn y Prevención de Desastres para la Región Norte del País por parte del director del Centro de Operaciones de Emergencia.
Y bien hacemos con tener muy a punto tales instrumentos institucionales, fundamentales a la hora de enfrentar los desastres a que estamos abocados más tarde o más temprano.
En efecto, unas catorce fallas geológicas, según los especialistas, convierten a nuestra isla Hispaniola en terreno proclive a los terremotos.
Como si todo eso fuera poco, estamos justo en la ruta de los huracanes y cada año, de junio a noviembre, y a veces hasta a diciembre, andamos con el corazón en la boca calculando cuál será el que nos va a desastrar.
Sembrar nuestro país de organizaciones que puedan gestionar cualquier desastre tan pronto se presente es una tarea ineludible y una muestra de sensatez.
No debe haber una sola comunidad en la que no esté organizado el correspondiente Comité y funcionando de manera preventiva y permanente en afán de conciencia y educación sobre la realidad que nos toca vivir como parte que somos del archipiélago antillano.
Papel de primer orden en tales organizaciones corresponde a los Ayuntamientos, esto es, a los gobiernos locales.
A ellos y a las instituciones de Obras Públicas corresponde vigilar que se cumplan las normas anti-sísmicas de construcción y que se sigan los procedimientos adecuados en casos de desastre. Así ahorramos penas y recursos a nuestro país.